Los comentarios suscitados por la participación de la marca Toyota en el campeonato NASCAR son poco sorprendentes para cualquier europeo que sea aficionado a esta competición.La propaganda nacionalista que se hace en todos los deportes practicados en ese país puede llegar a aburrir a aquellos que nos consideramos de alguna manera 'ciudadanos del mundo', pero los sentimientos xenofobos que trasmite esta actitud puede hacer que fácilmente muchas personas pierdan interés por los acontecimientos deportivos subyacentes.
Una vez tamizada la vertiente política y racial de todo esto, me permitiré una pequeña reflexión acerca de la polémica.
Para cualquier deporte, especialmente los de motor, la competencia es una bendición. He dicho especialmente los de motor pues son los que corren mayor peligro de convertirse en competiciones monomarca, le ha pasado en numerosas ocasiones al Campeonato del Mundo de Velocidad, ahora conocido como MotoGP; también lo ha sufrido la SBK, Formula 1, resistencia, DTM, etc... Por este motivo en un campeonato donde sólo competían 3 marcas, creo que debería mirarse con buenos ojos la entrada de nuevas marcas. El miedo que se pueda tener a que marcas extrajeras puedan diluir la marcada personalidad americana de una competición como la NASCAR es muy subjetivo. La personalidad de la competición se mantiene con una reglamentación ajustada a los intereses de los dirigentes de la misma y es a estos a los que hay que pedirles explicaciones de hacia dónde encaminan los pasos de su criatura.
Además, dudo mucho que los fabricantes americanos tengan nada que temer. Es poco probable que las marcas europeas que participan en otras competiciones a nivel mundial se sientan atraidas por la NASCAR por muchos motivos y principalmente a la escasa repercusión que ésta tiene a nivel mundial.
Estupendas las últimas de Samsung 500...


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